Cuidarme es cuidarte

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Nada más fácil pero a la vez nada más complejo y difícil. Requiere compromiso, responsabilidad, capacidad de escucha y una dosis alta de discernimiento y decisión.

Cuidarse implica conocimiento sobre sí y disposición para el movimiento interior y exterior. Es una decisión de todos los días y requiere de acciones claras y coherentes en torno a la propia realidad. Es un proceso y una ruta que ha de transitarse de forma cotidiana, a veces con retrocesos y a veces con avances.

Cuidarse es un asunto personal pero que tiene efectos en los otros y por ello, tiene tanta significación y sentido. Como psicólogo estoy convencido de que una de las condiciones más importantes para cuidar a los demás, bien sea desde la perspectiva de ser padre, madre, profesor, profesional de la salud, psicoterapeuta o desde cualquier otro rol que implique la relación con otros, es primero cuidar de sí mismo. Sin este elemento, todo apoyo brindado a otro aunque puede ser importante y significativo, no pasa de ser un discurso bien estructurado lleno de bonitas palabras.

Aprender a cuidarnos

En nuestra cultura no nos han enseñado a cuidarnos ni tampoco a cuidar del otro. Es una deuda que aún tenemos como sociedad y un reto importante para seguir tejiendo en nuestra vida en común. Tanto en lo físico como en lo psicológico nos cuesta hacernos cargo de nosotros mismos y en muchos casos esperamos hasta tener una patología en el cuerpo o a estar con una sensación desbordada en lo emocional, para buscar ayuda.

Aún me sorprendo de algo que con mucha frecuencia escucho en consulta y que es expresado por personas adultas con situaciones vitales a veces bastante complejas: “Es la primera vez en mi vida que asisto a consulta a buscar ayuda”. Han cargado durante décadas con dolores y angustias emocionales profundas y han padecido los efectos de ese silencio en sus relaciones afectivas, en sus formas de ver el mundo e incluso, en sus cuerpos.

Aunque nunca es tarde para buscar ayuda, vale la pena hablar de eso que angustia, que duele y que impacta la vida, de manera pronta. Esto evita sufrimientos innecesarios y permite recomponer la realidad sin que se acumulen por años, sentimientos y emociones que pueden transformarse en enfermedades y patologías.

Puedes cuidarte

Cuidarme para cuidarte. Una invitación clara, sencilla y potente. Para mí esta es una frase que resuena todos los días y aunque no siempre lo hago de la mejor manera, es un recordatorio para realizar de forma más pertinente y coherente, mis labores como profesor, terapeuta, papá y ciudadano.

Aunque son múltiples las alternativas que existen en torno al autocuidado, la publicación de María Andrea Ramírez, colega psicóloga y quien fue mi estudiante hace algunos años me hizo mucho eco. Plantea algunas acciones que vale la pena tener en cuenta, poner en práctica y recordar todos los días.

“Autocuidado es dormir bien, tomar un baño de agua tibia, escuchar mis canciones favoritas, salir al sol y respirar aire fresco, hacer actividad física, hacer una pausa en medio del trabajo, confiar en mis capacidades, pasar tiempo a solas, ponerle límites a los demás, decir no, quedarme en casa cuando no quiero salir, escuchar mis deseos y necesidades y pedir ayuda si lo necesito“.

Cuidar de sí implica desplegar pequeñas acciones en el día a día y reconocer lo propio como importante y relevante. Aunque es necesario acompañar y apoyar a otros cuando lo requieren, hacerlo lleva aparejado una dosis de afecto propio y una validación de las emociones y de la realidad personal.

En un momento como estos en donde habremos de cuidarnos entre todos, el autocuidado es una herramienta fundamental para hacer de esto una realidad. Ser conscientes del impacto que nuestras acciones causan en los demás y ser consecuentes con esto, es un asunto ético y requerido para que de esta y de otras tantas situaciones que se presenten, podamos salir fortalecidos.

Por Juan Diego Tobón Lotero
psicologojuandiegotobon@gmail.com
Celular: 318 893 63 92


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