Cien

cien

No entiendo esa manía por los múltiplos de cinco. Qué nos hizo pensar que es más digno celebrar el producto de cuatro por cinco que el de tres por siete. Se me escapa el porqué de la atención prestada a los números pares y la poca importancia que les damos a los números primos… Y sin embargo aquí estoy, contándoles que esta es la columna número 100. 

He dicho antes que estas líneas son como el ejercicio de un náufrago que lanza una botella al mar con la esperanza incierta de su lectura. Algunas han tenido mejor suerte que otras, sin duda. Escribió Julio Camba, el periodista español, que para hacer un artículo se encerraba por las tardes en un cuarto, a escribir. “Allí comienzo a hacer esfuerzos y el artículo sale. Unas veces sale fácil, fluido, abundante; otras sale duro, difícil, escaso, pero siempre sale”. Siempre.

A veces nacen de la pura indignación, otras veces de la sorpresa o de la nostalgia o de algún fragmento de algo que leí. Otras, del puro oficio: de sentarse a teclear, mientras reviso noticias de aquí y de allá, repasando las que he guardado, buscando la frase que recuerdo haber encontrado en un libro (pero que olvidé en cuál fue), lidiando para que no todo sea sobre covid, malas nuevas o este pesimismo sobre la humanidad que me habita. No siempre tengo éxito. 

El mismo Camba sostenía que cualquier cosa es susceptible de volverse una columna de periódico: “…un gabán viejo, un par de gemelos de teatro, una máquina de afeitar, un pollo asado, una mujer bonita…”. Luis Tejada lo hacía con maestría.

No estoy reclamando para mí el talento de Camba o de Tejada, no. A duras penas estoy agradeciendo la lectura de quienes han caído en la rutina de esperar cada semana esta columna.


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