Las langostas vuelven a visitarnos

Como si no tuviéramos bastante con la crisis del virus innombrable, toman fuerza enjambres de langostas procedentes de África. Azotan pastizales y cultivos de maíz, arroz y caña de azúcar de Asia y Suramérica. En Colombia ya hacen presencia en Antioquia, Cundinamarca, Atlántico, Sucre, Tolima y Valle del Cauca.
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Estos ortópteros son viejos conocidos que nos revisitan. Entre 1877 y 1880, una plaga destruyó campos antioqueños. Para resolver el problema, el gobernador Tomás Rengifo ofreció pagarles a los campesinos por cada bulto de langostas muertas. Y, claro, motivados, los agricultores se las ingeniaron para entregarle sacos y más sacos de cadáveres. Él hizo abrir huecos, vaciar allí los costales y sembrar ceibas. Hasta hace poco tiempo, majestuosas, habitaron parques y vías del departamento.
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En Envigado también las sembraron. Historiadores cuentan que los conservadores corrieron a arrancarlas por haber sido sembradas por un liberal. Con el tiempo, los liberales volvieron a sembrarlas. Por más de un siglo tuvimos el privilegio de vivir con ellas.
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Especie presente en varios continentes desde tiempos remotos, se mencionan langostas en la Ilíada, de Homero; Las mil y una noches, y la Biblia. Fue una de las plagas que cayeron sobre Egipto como castigo de Dios por esclavizar a los israelitas.
En el Apocalipsis, san Juan dice: “Tocó el quinto Ángel (…) y subió del pozo una humareda como la de un horno grande, y el sol y el aire se oscurecieron con la humareda del pozo. De la humareda salieron langostas sobre la tierra, y se les dio un poder como el que tienen los escorpiones de la tierra”.
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Por John Saldarriaga
saldaletra@gmail.com