El derecho a no obedecer cumple cien años

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Hace tiempos, cuando El Ocio, la tienda de libros y revistas ocupaba un local de la carrera 43 A, que los envigadeños llamamos La 11, recibía publicidad gratuita casi cada ocho días: un sacerdote ya extinto, como sus ideas, lanzaba pulpitazos contra ese lugar, al que calificaba de antro de la pornografía e instaba a los padres de familia a no permitirles a sus hijos entrar allí.

Sin embargo, El Ocio mantenía atiborrado de estudiantes. Hallaban allí los materiales para su aprendizaje: libros, revistas y, sobre todo, ideas de libertad y rebeldía. Igual sucedió a un libro de Fernando González, El derecho a no obedecer, conocido con el título de Una tesis: fue llevado por monseñor Manuel José Caicedo, arzobispo de Medellín, al índice de lecturas prohibidas… y se lee.

“¡Ridícula pretensión creer que el más infeliz de los ciudadanos puede cambiar los destinos humanos”. Esta frase es una de las últimas de aquel volumen. En este abril que termina se cumplen cien años de la aprobación del trabajo de grado del envigadeño, con el cual optaba por el título de abogado en la Universidad de Antioquia. Y el próximo 20 de mayo se cumplirán también cien de su primera edición, en la Imprenta Editorial Medellín.

Este libro, aparecido cuando en Envigado y en el país los pensadores auténticos eran escasos —y quizá lo sigan siendo—, cuando incluso los libros eran novedades, intenta comprobar que la economía debe estar al servicio de los seres humanos y no al contrario. Él lo dijo así: “Hay que partir del individuo al estudiar la Economía Política, y terminar en el individuo”.


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