Un restaurante para los amantes de las motos

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Pasé gran parte de las vacaciones de mi adolescencia en Daytona Beach, en la costa nororiental de La Florida que se conoce por su autódromo, donde se corren las famosas 24 horas.

La ciudad ofrece una de las playas más largas y anchas de Estados Unidos, que se llena todo el año de miles de estudiantes, amantes de la pesca y jubilados que llegan del norte esquivando el frío.

Pero de todos los visitantes los que más sobresalen son los grupos de motociclistas, harlistas, Hell’s Angels, Mongols y los Outlaws, y otros más, que llaman la atención por sus motos “customizadas”, la ropa de cuero, las bandanas, las pintas extravagantes y las damas tan agraciadas que llevan de parrilleras.

De ahí que Daytona esté llena de restaurantes para estos personajes apasionados por la libertad, como Bay Street, Hog Heaven, Sloppy Joe y Bjs, con parrilla, bar y comida muy americana reconocida por las porciones tan exageradas como sus comensales. Hace un par de años volví a Daytona aprovechando que queda apenas a 1 hora de Orlando y sus parques y vi con alegría que ha cambiado muy poco.

A pesar de que las motos no han sido mi fuerte, 2 semanas atrás terminé con mis enanos y Peluche tirado en una manga entre el alto de Las Palmas y el aeropuerto, haciendo tiempo mientras la flaca volvía de su viaje de aniversario de prom al que no falta cada año con sus amigas bilingües. Así descubrimos La Rufina, una especie de edén para los moteros, pero también para las familias como la mía en que el can pulgoso adquiere el apellido y termina más mimado que el papá.

Al llegar me llamó la atención el sitio, que parece sacado de una película setentera rodada en la costa californiana, con un decorado perfecto para el propósito y un ambiente que invita a quedarse y volver muchas veces.

Qué espacio tan bien pensado, que no atiende a un grupo de comensales en particular, sino a un estilo o filosofía de vida: “La Rufina es un punto de encuentro donde las almas viajeras convergen y se reúnen alrededor de una fogata, al ritmo del jazz- band y del blues. La Rufina es un hot dog con mostaza de Jack, es un trago noble de tonel, es el olor a humo de habano, cuero y café, donde se atisban de lejos las chispas de un viejo taller. Amamos los animales, los atardeceres, el camino y los múltiples destinos. Somos el punto de llegada para la partida. La Rufina, espíritu viajero”.

La carta combina con gran talento algunos clásicos de la fast food gringa, “customizados”, como hamburguesas y perros calientes del otro mundo con varios platos magníficos en su concepción y preparación, como el pollo Jerk, el New York steak y las costillas bbq.

Ante tantos sabores formidables no tuve otra que preguntar quién estaba detrás y no me sorprendí cuando supe que la carta fue concebida nada menos que por Mariana Arango, @marianacocinasoul y su mano prodigiosa. Los moteros pueden ir a engallar sus máquinas y todos podemos ir a comer rico. Mejor reservar en 350 5308093.

Por Efraín Azafrán
efrainazafran@gente.com


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