¡Soy papá!

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Cuando me enteré hace casi siete años que iba a ser papá, «casi me da un infarto». No estaba dentro de mis planes ni me sentía preparado para ello a pesar de tener ya más de 40 años.

Hoy, que mi hijo cumplió seis años, me siento afortunado y bendecido por la vida. Toda mi realidad ha cambiado durante estos años y ya no me imagino mi realidad sin este componente tan importante.

Aunque sé que en nuestra cultura el lugar del padre-hombre está atravesado por múltiples limitaciones (ausencias, violencias, abusos), estoy convencido que esa no es la única alternativa para poner en escena el mismo.

Hoy, lenta pero progresivamente, se van construyendo nuevas preguntas sobre la masculinidad y sobre lo masculino y ello tiene implicaciones en las formas en las cuales se es padre-hombre.

Ir resignificando los roles tradicionales de los hombres en torno a la vida individual, familiar y social, ha permitido que se tejan alternativas diferenciales en relación con la paternidad. Padres-hombres que demuestran el afecto, que hacen balance en las diferentes áreas de su vida, que practican el autocuidado para poder cuidar a otros, que construyen con sus parejas relaciones basadas en la reciprocidad y no en el sometimiento, por nombrar algunos elementos, son asuntos que dan luces sobre las nuevas formas que hoy se tejen y que son favorables en el proceso de construcción de los niños y las niñas que hacen parte de la contemporaneidad.

Aunque siguen existiendo padres-hombres que abandonan, que agreden, que violentan y que excluyen, es necesario hacer visibles a esos padres-hombres que se comprometen con la crianza, que brindan soporte afectivo, que se hacen responsables del proceso de desarrollo de sus hijos y que acompañan el día a día de estos.

Aunque la celebración del día del padre tiene menos efectos mediáticos y hay menos rimbobancia en el reconocimiento social de esta figura, se hace necesario festejar esta fecha y mantenerla presente a lo largo del año. Padre no es cualquier desgraciado; es alguien que puede crecer, construir y aportar en el desarrollo de sus hijos y que puede incidir de manera muy favorable, en un proceso de desarrollo social cada vez más favorable y más posible para todos.

Soy padre y me siento feliz de serlo. Aunque ello me sigue asustando, me reta y me desafía en muchos órdenes. Vienen cosas agradables y otras no tanto, pero esa es la vida. Espero seguir disfrutando y aprendiendo cada día y hacer de mi vida como padre-hombre, algo significativo para mí, para mi hijo y para todos los que me rodean.


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