El viaje es hacia adentro

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Hace poco más de veinte años llegó a mis manos un libro que no olvido. El profesor de un curso de literatura nos pidió revisar un texto de un autor colombiano del cual jamás había tenido noticia. Este libro tenía un título sugestivo y un contenido maravilloso y profundo: “Cuatro años a bordo de mí mismo. Diario de los cinco sentidos”

Esta obra literaria fue escrita por Eduardo Zalamea Borda y se publicó en 1934. Más allá del contenido, el cual me parece maravilloso, la pregunta que se plantea en el texto por la vida como un continuo viaje al interior de uno mismo, es lo que más me ha gustado.

Es cierto que esta columna no es de literatura sino de psicología. Sin embargo, la vida parece en muchas ocasiones un libro. A veces la existencia se asemeja a una novela de terror en donde el protagonista está atrapado en una red de angustias y miedos; otras veces es como un texto de literatura infantil en donde todo transcurre de manera tranquila y apacible; otras veces parece una historia de amor en donde el protagonista vive un profundo idilio y otras, pareciera que se asemejara a un libro de física cuántica que nadie entiende y que requiere de alguien experto para poder desentrañar su significado.

La literatura, la música y el teatro, por nombrar solo algunas producciones artísticas, son metáforas de la vida. Lo que nos pasa, lo que nos inquieta, lo que nos genera preguntas y lo que nos problematiza, toma múltiples formas para ser abordado. Por eso cuando leemos un libro, cuando escuchamos una canción o cuando vemos una obra de teatro nos sentimos tocados y movilizados por aquello que leemos, por aquello que escuchamos o por aquello que vemos

La vida es un viaje

Alguna vez escuché de alguien en consulta una frase que siempre recuerdo: “mi vida parece un mal viaje”. Esta persona relataba su historia identificando la misma a partir de las situaciones problemáticas que se le habían presentado desde su infancia y hasta su adultez y nombraba su existencia con esas palabras.

Cada uno vive la vida como un viaje diferente, con diversas etapas y con significados distintos, no sólo por lo que le ocurre, sino por la forma en la cual interpreta aquello que le acontece. La vida está llena de sobresaltos, de subidas y de bajadas, así como de planos eternos en donde pareciera no ocurrir nada.

La vida es un viaje que dura hasta que estamos vivos y que implica hacerse cargo de lo que ocurre afuera de nosotros, de lo que pasa con nuestro cuerpo y de lo que pasa adentro de nosotros mismos. Somos una unidad compleja y diversa y es tan necesario e importante resolver las situaciones familiares, laborales y sociales que ocurren, así como encargarse del cuidado del propio cuerpo mediante la alimentación, el sueño y la actividad física. Además, es fundamental prestarles atención a las emociones, a los pensamientos, a las formas de interpretar la vida y a los sentidos y significados que se construyen a lo largo de la existencia para poder observar la realidad como un todo

Aunque posiblemente haya personas que tengan vidas mucho más complejas que las de otras, es cierto que gran parte de esa complejidad tiene que ver con la forma en la cual se entienda la realidad. Conozco personas que podrían tener vidas terribles dado lo que les ha ocurrido (pérdidas económicas significativas, muertes violentas de familiares, rupturas amorosas complejas, enfermedades físicas y alteraciones mentales importantes) pero que han reconstruido su vida más allá de sus problemáticas, así como también puedo identificar a otros que frente a la presencia de la más mínima situación estresante y compleja, sienten que la existencia entra en caos y pierden el sentido y el norte de la misma.

Entender la vida como un viaje y emprenderla como un viajero, implica asumirse como protagonista de la misma, como un sujeto responsable de lo que en ella ocurra y como titular de la propia realidad. Implica viajar hacia afuera y hacia adentro para seguir construyendo y para seguir caminando.

A bordo de uno mismo

Una de las cosas más complejas que existe en la vida, es hacerse responsable de uno mismo. Lo veo todos los días en la consulta, lo identifico en las preguntas que se hacen mis estudiantes en clase y lo evidencio en mi cotidianidad. Dejar de echarle la culpa a lo que ocurre afuera y volcar la mirada en uno mismo es una de las decisiones más valientes que existen, pero a la vez, de las que más temor nos generan en la vida.

Como el texto de Zalamea Borda, vivimos la vida a bordo de nosotros mismos. Sin embargo, la diferencia es que no sólo lo hacemos por cuatro años, sino que es un viaje que dura toda la vida desde que nacemos y hasta que morimos. Vivir a bordo de sí mismo es un reto inmenso y una apuesta existencial profunda y significativa.

Viajar hacia adentro de la propia realidad tiene, desde mi perspectiva como psicólogo y desde mi lugar como persona, tres grandes componentes. El primero de ellos tiene que ver con el conocer, reconocer y comprender la propia historia. Hay asuntos que no podemos controlar de la misma y hay situaciones que no elegimos. Sin embargo y a pesar de lo complejas que pudieron haber sido las circunstancias, tenemos una salida importante: podemos decidir qué hacer con nuestra historia y qué tanto dejarnos afectar positiva o negativamente por la misma.

El segundo componente de este proceso tiene que ver con el desarrollo de una capacidad reflexiva en torno a nuestro presente. Ver las cualidades y las limitaciones en la vida propia como asuntos integrados, permite que podamos entender la realidad propia como un todo completo y que no nos quedemos “dándonos látigo” por nuestras dificultades o vanagloriándonos de lo buenos que somos. Ir hacia adentro implica poder disfrutar del presente sabiendo que es necesario mantener una capacidad reflexiva que permita seguir transformando aquello que es necesario cambiar y mantener aquello que funciona.

Y un tercer componente implica desarrollar y mantener la capacidad de soñar, de construir desde el deseo lo que puede hacer de la vida algo posible y de permitirse a sí mismo disfrutar con lo que puede llegar a encontrarse y a desarrollarse en la propia realidad. Poner la mirada en el futuro luego de mirar hacia adentro, de comprender la historia y de integrar las realidades que integran el presente, puede dar cuenta de un importante viaje a bordo de sí mismo.

Vale la pena hacer el esfuerzo consciente para mirar hacia adentro de sí mismo, para integrar la realidad como un todo y para destinar una buena parte de la energía vital más que afuera, adentro. Ello permite que el afuera tome un sentido profundo y que el adentro se consolide para vivir una vida más significativa y con mayores posibilidades.

Juan Diego Tobón L.

Artículo publicado en la edición impresa del periódico Gente – Mayo 3 de 2018


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